La fiesta del alma
Donde la muerte se viste de flor
Cada año, a finales de octubre y principios de noviembre, México entero se transforma. En las plazas florecen los altares; en los cementerios se encienden miles de velas; las casas se llenan de pan de muerto, mole y risas que vienen desde hace siglos. El Día de Muertos no es una despedida: es un reencuentro.
La UNESCO lo declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Es una tradición que mezcla la cosmovisión prehispánica con el catolicismo colonial, y que se vive distinta en cada rincón del país: la noche de Janitzio, las veladas de Mixquic, el desfile de CDMX, las alfombras de aserrín de Oaxaca. Cada una es un capítulo irrepetible.
CocoVolare abre las puertas correctas para que lo vivas desde dentro. No como espectador: como invitado. Con las familias que aún cuelgan flores en sus puertas, con los cocineros que amasan el pan, con los músicos que cantan en el cementerio. Todo coordinado, todo respetuoso, todo tuyo.